jueves, 25 de agosto de 2011

NAVIDAD 1948


Recuerdo con cariño esa Navidad, no fue ni alegre ni triste, simplemente fue una Navidad en familia. Una blanca, fría y hermosa Navidad.
Mi abuela, Francesca, había tratado de preparar el “Bensone”, un pan dulce típico de la Navidad de la ciudad de Módena, con las pocas cosas que había en la casa; un poco de harina sin cernir, grasa de puerco y un cucuruchito de azúcar, el ingrediente más difícil de conseguir por esos días.
Mi abuelo, Facondo, se había empeñado en la tarea de prender el fuego en la chimenea, y como siempre pasaba, se había llenado de humo acre la habitación. Hubo que abrir las todas las ventanas para que se aireara el habitáculo. Por supuesto, todos nos tuvimos que vestir con ropa gruesa adecuada para hacer frente al intenso frío que entraba. Después de unos quince minutos de complicadas operaciones de descontaminación, se pudo cerrar las ventanas y gozar, otra vez,  del calor que emanaba de la gran estufa.
Normalmente se preparaban los alimentos cocinándolos en ollas puestas sobre ese radiador, pero en esta ocasión, el abuelo, tuvo que recurrir al encendido de la chimenea sencillamente porque, el menú navideño iba a ser diferente.  Los típicos “tortellini”comida navideña que se preparan en unión con toda la familia, igual que con las “hallacas”, no se poderon hacer, pues los ingredientes ese año fueron posible adquirir por lo caros que estaban.
Mi Padre había ido a trabajar a Yugoslavia, pero por problemas logísticos, no había podido mandar la consuetudinaria  remesa  mensual de dinero, que hacía posible la sobrevivencia de la familia. La pensión del abuelo apenas bastaba para pagar las obligaciones de los servicios: agua, luz, aseo y alquiler del apartamento. Posiblemente se les haga imposible comprender el porqué no se utilizaban esos escasos recursos de la pensión de mi abuelo para comprar comida, pero en Italia si no se pagan las obligaciones te patitas en la calle y ese sí hubiera sido un gran problema.   Sin comida se puede vivir varias semanas, incómodamente, pero se puede vivir; en cambio en la calle, con temperaturas por debajo de los 10 grados, la vida hubiera sido imposible.
Mi abuelo solía decir con sarcasmo que: «El hambre es un prejuicio burgués.», pero les aseguro que wl hambre es hambre y no tiene que ver obsolutamente con principios filosóficos. Nunca comprendí la filosofía de mi abuelo, pero aprendí a distraerme con otras cosas para acallar al estómago.
Mi perro no tenía esas necesidades, se había hecho amigo de cuanta carnicería que había en el vecindario y de una forma u otra conseguía su diario era un experto para mover a compasión a los carniceros. Muchas veces fui a buscar comida para la familia al cuartel militar que había a media cuadra de la casa, era lo que sobraba del menú de los reclutas y sabrosa que estaba.
Pues esa navidad, debido a las circunstancias, el menú sería «polenta», un funche preparado con harina de maíz amarilla, sal y agua. Si bien esa era una comida casi diaria por lo barata, no era comida navideña, así que esa navidad la pasaríamos muy tristes. 
Yo tengo una anécdota personal no muy agradable, sobre esta popular comida del norte de Italia. La maestra de primer grado, tenía la mala costumbre de preguntarnos, antes de empezar la clase, qué habíamos comido el día anterior. Todos mis compañeros hablaban de diferentes especialidades de la culinaria  italiana, yo en cambio decía indefectiblemente: «Polenta».
Por supuesto que al cabo de  varias veces de repetir esa fatídica palabra, fui objeto de burlas por parte de mis compañeros. La maestra acallaba severamente estos bochornos, pero no siempre lo lograba. La cosa fue a tanto que me gané el apodo de “Polentone». 
En Italia es un apelativo de desprecio que hacen los italianos del sur a los del norte, que a su vez los tildan de «Terrone», o sea Ranchuos o Pata en el Suelo, por venganza.
Un día llegue a la casa diciendo a mi madre que no quería volver a la escuela, por los hechos arriba mencionados y mamá me salió al paso diciendo:
─Muchacho del carrizo, diles que has comido sopa».  
─Pero mamá, eso es una mentira.─ dije.
─A veces las mentirillas son necesarias. ─retrucó mi madre.
Así que llegue al otro día a la escuela con toda la buena intención de mentir. 
Cuando la maestra hizo su consuetudinaria pregunta, seguro de mi mismo, contesté: «Sopa.»
─¡Qué bien! ¿Cuántos platos?
Y yo contesté sin vacilar: ─Tres tajadas.
Y allí la cagué, porqué todo el mundo se dió cuenta qu había comido otra vez polenta. Bueno, solamente contaba con seis años recién cumplidos.
Ya se pueden imaginar el carnaval de risotadas de toda la clase, a lo que mi maestra, con una voz que nunca había oído, dijo: 
─Cállense, maleducados! Ustedes no saben que es ser un necesitado, Nuestra nación acaba de pasar por una guerra que la puso de rodillas.  Nosotros todos tenemos la obligación de ser solidarios con nuestros hermanos que más lo necesitan.
Dicho esto, se me acercó y me abrazó con una ternura que ni siquiera mi madre lo hubiera podido hacer mejor. Desde entonces, nunca más preguntó sobre comidas y eso me enseñó muchas cosas.
     Volviendo a  ese día, mi abuelo era un experto en hacer polenta, era la única cosa que sabía cocinar con maestría, por lo demás era un cero a la izquierda. Nonna Francesca, tomó muy en serio mi instrucción culinaria, para que no fuera un inútil como mi abuelo, que no podía cocinar ni un huevo cocido, decía ella.  Normalmente los quemaba y destruía las ollas. La abuela le había prohibido terminantemente hacer comidas, a menos que no fuera la Polenta, allí; ella mima lo reconocía como un maestro indiscutible.
El abuelo preparaba el gancho, que guindaba de la campana de la chimenea, para colgar en él un viejo pailón de cobre, negro como el infierno por fuera, pero esplendorosamente dorado por dentro como el paraíso. Ese día,  con todo su empeño, empezó la faena, agregó agua y sal gruesa a la paila, esperó que hirviera abundantemente y luego, a pequeños puños fue agregando la harina de maíz. Tenía un palote de madera que él cuidaba con esmero, para que la mezcladura fuera perfecta. ─La cualidad más importante del cobre es que el funche no se pega al fondo de la paila.─ 
Después de más de una hora, la operación estuvo concluida, venía la ceremonia del vaciado sobre la gran tabla de madera que servía de mesada para que la colada espesara.
El fondo del pailón debía quedar sin ninguna adherencia, eso significaba que la cocción estaba en su punto óptimo. Luego de dejar enfriar un rato el mazacote, la abuela procedía al cortar las tajadas con un hilo. Estas rebanadas, normalmente se mezclan con un tuco de tomate y queso parmesano rallado. Pero en esa oportunidad le hicimos el honor de uniéndolas con un poco de leche.
Lista la cena Navideña antes de ir a la iglesia de media noche a esperar el nacimiento del Niño Jesús. La sorpresa nos llegó por radio. 
Papá tenía un programa radial en vivo, donde tocaba, acompañado por un compañero pianista, piezas del repertorio chelístico mundial. Este programa era auspiciado por el gobierno Yugoslavo y  servía de propaganda para el partido comunista, quien presentaba estos artistas haciendolos pasar por yugoslavos y así demostrar al mundo en que tan alto grado había llegado la cultura musical en la famosa revolución soviética. En esa oportunidad el programa estaba dedicado a la música navideña, no importaba todo lo materialista que pudiera ser el gobierno, nunca pudo apagar la fé religiosa del Rito Ortodoxo. El programa se estaba trasmitiendo desde la Catedral de Sarajevo. Después de varias piezas típicas de la Navidad, que no conocíamos, papá comenzó a tocar «Noche de Paz». Fue como si encendiera una luz brillante en toda la habitación. Mamá nos llamó a los tres, mis hermanas y yo, nos abrazó y con las lágrimas en los ojos nos dijo: ─Ese es vuestro padre.─
Así pasé una víspera de una Navidad inolvidable, todavía hoy, que me encuentro escribiendo estas notas, siento la emoción que experimenté ese día.
A pesar de la polenta con leche y lo poco que había para la celebración, sentí que tenía la mejor más maravillosa del mundo.
Esa humilde canción, hizo posible que papá estuviera allí con nosotros. La distancia había desaparecido. Y la Navidad había comenzado.
Queridos amigos espero no haberles aburrido con estas cursilerías, pero soy un viejo que todavía no logra deshacerse de ellas y lo peor del caso me atrevo a escribirlas.
FELIZ NOCHEBUENA A TODOS. (Navidad año 2009).


1 comentario:

  1. Fachito querido,Tu cuento traslada a uno a los tiempos,que yo tambien he vivido en Polonia.Muchas mis experiencias pasadas son comparables con las tuyas.Los tiempos despues de la guerra fueron realmente muy pobres y dificiles.Menos mal,que quedaron solo recuerdos y la situacion hoy el dia a pesar del crisis no tiene que ver nada con estos tiempos tan grises.Te felicito y sigue escribiendo tus recuerdos.Un abrazo.

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